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En un claro arroyuelo,
Se precipita alegremente
La trucha juguetona,
Que pasa como una flecha.
Yo estaba en la orilla
Y en un dulce sosiego
Vi el baño del alegre pececito
En el claro arroyuelo.
Un pescador con su caña
Se colocó en la orilla,
Y miró a sangre fría,
Los serpenteos del pececillo.
Mientras el agua siga clara,
Y no se enturbie, pensé,
No podrá coger a la trucha
Con su anzuelo.
Finalmente el ladrón se cansó
de esperar. El pérfido, enturbió
Las aguas del arroyuelo
Y antes de que me diera cuenta,
La caña dio tal respingo
Que enganchó al pececillo.
Y yo, con la sangre alterada,
Miré a la presa engañada.
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Y tuvo tanto éxito entre los amigos de Schubert como para que le hicieran el encargo de un quinteto: cuarteto de cuerda (violín, viola, violoncelo y contrabajo) y piano. Escuchas aquí el cuarto movimiento -presentado por la narración de Georgina García-Mauriño- que recoge el tema del lied original. Ese tema lo van interpretando los distintos instrumentos en sucesivas “variaciones” (con algunos cambios) en las que Schubert demuestra su inmensa creatividad melódica. Y sin duda eso nos lleva facilmente a imaginar a la trucha sorteando las corrientes del río y debatiéndose en interminables y agitados quiebros. |