Desde finales del siglo XIX aparecen en la música propuestas que invitan al oyente a soñar imágenes a través de sensaciones intensas aunque sean fugaces. El compositor atrapa el momento y le pone música, tal como lo hacen los pintores de esa época. Comparten su música en reuniones entre ellos y con otros artistas, y la ofrecen al público estrenándola en auditorios, salas de conciertos….
Sin embargo, hemos de decir que según avanza el siglo XX los compositores profesionales – esto es, que estudian para serlo- irán perdiendo presencia en la calle, en la vida cotidiana de las personas. Su música pasa a considerarse música culta solo para personas aficionadas.
Desde su condición de artistas de pleno derecho, muchos de los nuevos compositores investigan para progresar hacia nuevos lenguajes musicales que, rompiendo con la tradición, a menudo resultan difíciles de acoger no sólo por el público común, sino incluso por el aficionado. Entonces, se produce por primera vez en la historia la vuelta del público hacia músicas de tiempos pasados.
|