En el siglo XIX los compositores son reconocidos como artistas. La admiración por su personalidad pasa por respetar su libertad creativa: componen sus obras a su gusto, y tan solo el público es juez. Si cuando se estrenan en los teatros gustan, reciben nuevos encargos para seguir estrenando obras, y sus partituras son editadas y difundidas.
En estas nuevas condiciones los compositores románticos, cada uno con su fuerte personalidad, coinciden sin embargo en unas cuantas fuentes de inspiración: la libertad, la naturaleza, la tierra natal y su música popular… Y todos ellos componen para los instrumentos de su tiempo: pianos de cola y violines con grandes posibilidades expresivas, orquestas con importantes secciones de metales (trompetas, trompas, flautas traveseras…).
|