En el siglo XVIII se compusieron algunas de las obras más admiradas de la historia de la música. Sin ermbargo, los compositores en aquellos tiempos ejercían su trabajo más como artesanos que como artistas propiamente dichos. Sus obras debían ajustarse a los deseos de los señores importantes a los que servían, y también a las ocasiones en las que se iban a escuchar: ceremonias religiosas o acontecimientos sociales.
Pero, aunque hoy esto pueda sorprendernos, esta forma de componer no impedía que cada compositor se expresara con su propia personalidad y con su inspiración particular. Aquí tienes ejemplos de grandes maestros que convivieron en la misma época, desde Bach, que tomó las reglas heredadas y las perfeccionó, hasta Mozart, que con su desbordante facilidad para desarrollar melodías fue mucho más allá anunciando una nueva época. Todos ellos compusieron para los instrumentos de su tiempo: los violines más antiguos, clavicémbalos de cuerda pulsada, pianofortes, antiguas flautas de madera, oboes y los clarinetes primitivos.
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